El Vestuario Caranday fue protagonista en el XXXV Encuentro Entrerriano de Teatro

El Vestuario teatral de Maciá, un espacio único en la provincia y uno de los pocos en el país, participó del XXXV Encuentro Provincial de Teatro. En él se guardan actualmente más de 11.000 prendas.
¿Te gustaría compartirlo?
Agregar a mis favoritos
El Vestuario teatral de Maciá, un espacio único en la provincia y uno de los pocos en el país, participó del XXXV Encuentro Provincial de Teatro. En él se guardan actualmente más de 11.000 prendas, muchas al servicio de las artes escénicas y otras tantas resguardadas por su valor histórico.

Tamaño completo
El equipo del Vestuario teatral municipal Caranday, integrado por María del Carmen Ghiglione, Silvina Becher y Nahuel Gibert, se acercó a Concepción del Uruguay con el fin de dar a conocer este vasto acervo cultural en el marco del XXXV Encuentro Entrerriano de Teatro, impulsado por la Secretaría de Turismo y Cultura de Entre Ríos y el municipio de Concepción del Uruguay. El espacio Caranday intervino en el Encuentro con un gran protagonismo por su aporte de vestuario en las intervenciones teatrales en diferentes espacios de La Histórica, donde se desarrollaron las actividades.

El intercambio con otras instituciones y actores de las artes escénicas se dio durante las charlas abiertas organizadas con el fin de posibilitar el intercambio de experiencias y conocimiento entre las actividades e instituciones vinculadas al quehacer teatral, así como debatir sobre las temáticas más urgentes para el sector.

El teatro se nutre de recursos como la escenografía, la iluminación, el maquillaje o el vestuario, que se convierten muchas veces en la piel del actor. Todos estos elementos ayudan a recrear el espacio en la construcción del sentido y el imaginario, lo que permite cautivar al público con historias y sensaciones, llevarlos en un viaje a otros tiempos o situarlos en otro tiempo y espacio.

Movilizados por una necesidad

La historia de este espacio cultural abocado a la preservación de todo tipo de prendas y al servicio del arte performativo, nació en el año 1996, ante la necesidad de contar con vestuario apropiado de diferentes épocas o situaciones. Los integrantes del Equipo Teatral Municipal “Caranday” se movilizaron en pos de organizarlo. Así, con donaciones propias y de la comunidad, comenzaron con la intención de beneficiar a futuro al propio equipo y a todas aquellas instituciones que preparan espectáculos.

El Vestuario Municipal Teatral Caranday, es sin dudas el único en la provincia y uno de los pocos en el país con estas características. En él se guardan actualmente más de 11.000 prendas que han pertenecido a distintas obras de teatro representadas por el Grupo Municipal de Teatro Caranday, además de las donadas por vecinos de Maciá y personas de distintos lugares del país, que han hecho llegar valiosísimas prendas. Fue declarado Patrimonio Cultural de Maciá por Resol.Nº159/06 y de Interés Cultural por la Provincia de Entre Ríos por Resol. Nº108/06.

Creciendo con lazos solidarios

El alma del vestuario es María del Carmen Ghiglione, quién informó que “las estadísticas indican que a lo largo de los años crece el préstamo y las donaciones. Los pedidos empezaron a crecer por las escuelas del entorno, después vinieron los pueblos cercanos, como Rosario del Tala, Villaguay, Nogoyá, hasta llegar a la actualidad donde las solicitudes se fueron ampliando. En el año del Bicentenario tuvimos a muchas instituciones de la provincia pidiendo apoyo de vestuario, y recuerdo de una anécdota en Crespo, en el Mundial del Amputado, donde tenían que representar la historia de su pueblo y nos convocaron para brindar asesoramiento. Eran 62 deportistas y fue muy importante para nosotros porque pudimos cubrirlo”.

“Nuestro vestuario no cobra es solidario y creemos que esta característica tan valiosa es que tenemos tanto, lo sostenemos entre todos con la devolución y el agradecimiento. La semana pasada vino una delegación de 20 personas aproximadamente y sucedió algo que pasa a menudo, una de ellas ofreció un vestido de su abuela con miriñaque - suspira profundamente- y vos no podés decirle no, no me lo traigas- entre risas suaves- no lo quiero”, señaló.

El edificio propio

María del Carmen cuenta cómo, en su momento, interpeló a dos candidatos a intendente para que se construyera un edificio que pudiera albergar toda la vestimenta que tenían reunida. Luego de una búsqueda que resultó infructuosa, ya que no se conseguía un espacio con las dimensiones adecuadas, se reformuló un proyecto existente para contar con un aporte de Nación que permitiera desarrollar el proyecto edilicio.

“Nos dieron siete días para que rehacer el proyecto. Silvina y yo fuimos protagonistas, porque nos consultaron a acerca de cómo lo queríamos, qué dimensiones, de qué material. Eso fue como un sueño, de esos que nunca pueden ser en el teatro- ríe socarronamente- y a nosotros nos pasó”. La inversión demandó 456 mil pesos y “se pudo hacer como nosotros queríamos. Pensábamos que tendríamos capacidad de almacenamiento hasta 2030-2040 y ya no podemos más de ropa”, indicó.

El vestuario y el contexto

“La ropa está clasificada y cuidada. Las personas que vienen a veces vienen con un plan. Entonces les consultamos acerca de la propuesta que desean realizar para darles asesoramiento. Esta tarea te exige, hay que leer, hay que informarse saber de historia, desde griegos a romanos en adelante, para que aquél que viene se vaya con lo mejor y el espectador no lo critique diciendo mirá lo que le pusieron´”, subrayó María del Carmen.

La integrante del vestuario señala que “a veces nos olvidamos del calzado y miramos los videos y nos dan infartos – el público ríe espontáneamente- por ejemplo ver a la Edad Media con zapatos blancos de tacos finos –mortal, agrega- no nos tenemos que olvidar de nada: el peinado, el calzado, la ropa y los modos de ser de cada época”.

María del Carmen cuenta que las delegaciones que no son de la ciudad o que concurren desde muy lejos “no los hacemos concurrir en días comunes, donde podrían esperar hasta tres horas, para no atender cansadas y a las apuradas. Les damos un turno, nos dan el tema y preparamos ropa que puede servir. Algunas veces viene el director o los actores”.

La mujer aclara que no es vestuarista, sino que se autodefine “como una actriz vieja que le gusta la ropa”, algo que surgió desde que su padre era el dueño del cine del pueblo. Era la obligación de los niños de la familia concurrir sábados y domingos al cine, porque sus padres estaban ahí y le gustaba lo que aprendió allí.

Las posibilidades

El vestuario facilita la concreción de actividades como desfiles temáticos de Gattica o la Novicia rebelde, vistiendo modelos de acuerdo a la temática. “En el porche hicimos ciclo de arte para los artistas locales, músicos pintores, actores, duraba dos horas y todo el pueblo tenía deseos de participar”, contó la mujer de Maciá. “Ahora nos hace falta un espacio para la ropa antigua, museológico, para su conservación, ya que hay prendas que tienen más de 100 años”, concluyó.

Vestuario Caranday en números

Otra integrante de equipo, Silvina Becher, dijo que “el registro surge en el 2004, cuando la cantidad de prendas prestadas anualmente era de 490 y donadas de 112. En 2018 la cantidad de vestimentas prestadas fue de 5.620 y la cantidad de prendas que poseemos es de 11.691. La donación es permanente y esa cifra ya está superada, cuando cierre el año tendremos las estadísticas del 2019”.

Silvia explica que no solo es vestuario teatral, también las quinceañeras buscan un vestido de 15, o para sesiones de fotos, trajes para las colaciones o el papá que tiene que bailar el vals. “Hay prendas que no las prestamos porque tienen su importancia histórica. La familia Uranga hace poco nos envió un vestido de comunión de 1920, esas prendas están guardadas y conservadas como prendas de museos”, remarcó.

A cambio de los préstamos, el vestuario solicita que las prendas sean devueltas en las mismas condiciones de conservación o mejor que eso. “El mantenimiento de la ropa lo hace la gente, la lava, la plancha, le cose un botón, le coloca un cierre si le falta. Pedimos perchas se nos van rompiendo y betún para lustrar los zapatos. Es un insumo costoso y tenemos 800 pares”.

“También nos asesoramos con el Museo del Palacio San José para cuidar la ropa con elementos naturales, como la pimienta negra en los bolsillos. Además, los productores de miel de Maciá nos enseñaron que el laurel sirve para ahuyentar a las polillas”, comentó. La Municipalidad contrató dos trabajadoras que colaboran en el mantenimiento de las prendas y el lustre de calzado. Las cosas que no se pueden colgar están en cajas debidamente identificadas para su localización.

(Prensa Secretaría de Turismo y Cultura)