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COLÓN, Entre Ríos.
Fuente: La Nación

A los 17 años Mariela Allaix dejó esta ciudad natal y llegó a Buenos Aires para estudiar diseño de indumentaria. "Voy a tener mi empresa", se decía, e hizo de esta frase un mantra desde sus épocas de estudiante cuando, en el pensionado de monjas donde coincidía con 40 chicas del interior, hacía pulseras y las vendía. Volvió a los 25 años a este pueblo de casas coloridas y playas tranquilas a la vera del río Uruguay. Aquí su creatividad encontró el click que tanto ansían los artistas, el que les permite vivir de lo que hacen.
Hoy, Mariela exporta prendas artesanales tejidas en lana de oveja y desfila, sin solución de continuidad, entre los cócteles, el sushi, las pasarelas y los flashes del glamoroso mundo de la moda de Buenos Aires, Madrid y París, y las rondas de mate compartidas con Dalila y Claudio Villalba, dos de sus tejedores, de la localidad El Brillante, y con los chicos del taller protegido Adcadis (Asociación del Departamento Colón de Ayuda al Discapacitado).
Mariela encontró la fórmula para combinar negocio y conciencia social, y por eso recibió en julio último la distinción del Premio a la Excelencia Exportadora LA NACION-TCA en la categoría Proyecto Exportador de Mayor Impacto Social.
Durante la crisis de 2002, Mariela viajó cuatro meses a Europa con el solo objetivo de volver y crear todo lo contrario. Cuando regresó publicó un aviso en el diario buscando tejedoras. Viajó a Buenos Aires para comprar lanas y empezó a hacer muestras. A los tres meses volvió a España con una valija repleta de chales, ponchos, capas, ruanas y sweaters, y buscó a una persona que le vendiera la mercadería. "Cerramos ventas con muchas tiendas multimarcas. Y levantamos un montón de pedidos", recuerda.
Tejedoras a domicilio
Mariela emplea a 50 tejedoras, en su gran mayoría amas de casa, ancianas que complementan sus jubilaciones con las prendas que le confeccionan, enfermos con pensiones ínfimas de 150 pesos, personas con capacidades diferentes (ver recuadro) y gente de escasos recursos. "Mis tejedoras no podrían hacer otra cosa que no fuera algo en su domicilio. ¿Qué puede hacer una abuela mientras cuida a su nieto?", comenta.
El emprendimiento es unipersonal y, en cierta medida, contradice los manuales del management. Pero también encarna al típico empresario pyme en plena crisis de crecimiento: ella diseña, confecciona, coordina a las tejedoras, compra la lana y vende las prendas en Buenos Aires. Hasta aquí parecería que podría estar en el puente de la nave, marcando el rumbo, y bajar de vez en cuando a echarle carbón a la usina que mueve el barco. Pero los requerimientos cambian cuando los clientes están en el exterior.
En principio, señala Mariela, la promoción funciona puertas afuera, pero con sus matices: "Por un lado todos quieren apoyar y promover el diseño porque es una exportación de valor agregado. Pero, por el otro lado, hay gastos como los 800 euros (1054 dólares) de atención de stand que tuve que pagar en una feria porque no alcanzaba la plata para todos", grafica luego de cortar con una funcionaria de Cancillería que la llamó para ver si en febrero puede asistir a Londres a exponer.
El mayor inconveniente, que comparte con en el joven cardumen exportador argentino, reside puertas adentro: los emprendedores, repletos de refulgurantes ideas, deben además licenciarse en Gestión de Trámites. "Hay formularios para todo, la burocracia es terrible. Hay que tener una persona con un sueldo sólo para gestionar todos los proyectos", reconoce.
En este contexto, ciertas normativas son como golpes secos en la nuca: "Ahora, con la limpieza del padrón [de Importadores y Exportadores], hay que demostrar solvencia. ¡Hace cuatro años que viajo dos veces por año al exterior, subiéndome a cuanta misión y promoción de diseño haya, y ahora aparezco como no solvente!", destaca.
Cada sector tiene sus particularidades. El de la moda, por ejemplo, no se caracteriza por exportaciones de grandes volúmenes, fuera de las grandes empresas. "Los diseñadores exportamos prendas exclusivas, y un pedido del exterior puede ser de 40 prendas. Pero no llegás a exportar un contenedor o hacer fortunas en un año porque son pedidos puntuales. Cuando volvemos de viaje nos encontramos solos ante estas cosas. Es la crítica más importante de la política de promoción que hay", indica.
La firma de diseño concluirá 2006 con una facturación por $ 126.881. El 58% de las ventas corresponde a exportaciones a México, Bolivia, Uruguay, España, Francia, Japón y Estados Unidos.
La empresaria enfrenta ahora el desafío de convertir sus exportaciones esporádicas en envíos sistemáticos. "Esta empresa surgió con la idea de exportar, pero todo es muy lento. Tengo el capricho de hacer todo en Entre Ríos, no quiero buscar talleres en Buenos Aires. Para eso estoy buscando constantemente tejedoras en Larroque, Irazusta, Islas del Ibicuy y Paraná, además de Colón. Todo el proceso me va a llevar seis meses y entonces sí voy a poder dedicarme bien a la exportación", estima.
Para lograr la escala, Mariela logró un subsidio del Gobierno de Entre Ríos por $ 50.000 para comprar máquinas que serán utilizadas por la Escuela de Educación Técnica N° 2 de Colón para así, en unos años, poder industrializar una línea de básicos en el parque industrial de esta ciudad, y no depender de Buenos Aires.
En el plano artesanal, la idea es armar cooperativas de trabajo: "El proceso de capacitación es lento porque las artesanas son muchas. El proyecto es trabajar con coordinadoras que tengan a cargo a entre ocho y diez tejedoras", asegura Mariela, mientras diseña un organigrama mental con células de trabajo repartidas en toda la provincia, con los "mandos medios" bien establecidos que aceiten el proceso entre la idea de la diseñadora y la prenda final de las tejedoras.
Estas creaciones consisten en ponchos, capas, ruanas, faldas trabajadas en dos agujas, crochet, telares de mesa y telares europeos antiguos de cuatro pedales. "Ninguna prenda es igual a la otra. Afuera no se ven técnicas como estas y tampoco se ve que usen lana de oveja pura como acá", añade. La diferenciación está en cada etapa del proceso: la madeja se tiñe a leña. Cuando las tinturas se secan se procede al hilado en ruecas, y de allí a los telares.
Indumentaria de gaucho
La empresa tiene dos líneas: MX Folk Argentino, que remite a lo más autóctono, donde las lanas rústicas se inspiran en la figura del gaucho, y en las abuelas de campo esquilando sus ovejas y tejiendo sus propias ropas; y Mariela Allaix, la marca que lleva el nombre de la diseñadora y es la que muestra lo más exclusivo del diseño, que se expresa en trajes de noche, en vestidos largos, en sedas y cintas.
"La ropa del gaucho es lindísima, y si uno se fija en los colores del vestuario de la Argentina de 1800 encuentra toda la inspiración necesaria. En las fiestas de campo los gauchos van orgullosos con sus chiripás, sus pantalones con puntillas, las rastras, las fajas, las medallas y sus facones de alpaca Eso me inspira más que una vidriera de Dolce & Gabbana", asegura.
Evidentemente, este negocio costumbrista, que recupera las tradiciones gauchescas y transmiten ese mensaje en la ropa, tiene su eco. "Estas prendas artesanales, tejidas en la mejor lana merino, nos representa mucho y se pusieron de moda. A las clientas europeas les encanta tener prendas únicas porque están saturadas de la ropa industrial. Les gusta saber quién hizo lo que compran", agrega, y por eso las prendas llevan una etiqueta con el nombre del artesano.
"Lo artesanal, a veces, es consecuencia de un atraso económico por no haber tenido recursos suficientes para hacer las cosas de otra manera. Por esta razón, el artesano fue desvalorizado. Cuando pensé en qué podía exportar desde Colón, sólo encontré artesanos. Era como aprovechar los no-recursos y potenciarlos con innovación y diseño. Ahora vemos que la gente busca lo personalizado, lo hecho a mano", cuenta Mariela.
Como un demiurgo de la moda, Allaix pretende unir el mundo de sus diseños con el saber hacer artesanal, puliéndolo y capacitándolo para que, por un lado, no se pierda esa tradición y, por el otro, aprendan la calidad necesaria para lograr estándares artesanales. "Quiero poner a tejer a toda la provincia de Entre Ríos", afirma seriamente Allaix, y respalda tal convicción con sus 50 tejedoras repartidas en Colón, Villa Elisa, San José, El Brillante, Colonia Hughes y, próximamente, Villa Paranacito.
"Cuando tenga mi equipo bien armado, voy a trabajar en la identidad de la provincia de Entre Ríos. No siento vergüenza en rescatar la cultura de mi provincia, de los indios y los gauchos, y agregarle una adecuada dosis de creatividad y diseño. Para mí es un orgullo", dice y concluye con una cita de El Alquimista, de Paulo Cohelo: "Cuando querés algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo".
Por Emiliano Galli
Enviado especial